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El emperador
César Flavio Justiniano, vencedor de los Alamanos, de los Godos, de
los Francos, de los Germanos, de los Antos, de los Alanos, de los
Vándalos, de los Africanos, pío, feliz, glorioso, victorioso y
triunfante, siempre augusto, a la juventud que desea estudiar leyes,
salud. Para que la cosa pública sea igualmente gobernada en tiempo
de paz como en el de guerra, la Majestad Imperial ha de apoyarse en
las armas pero también en las leyes. Con muchos cuidados y fatigas,
y con el favor de la omnipotencia divina, hemos emprendido esta
doble tarea....
Después de los cincuenta libros del Digesto o Pandectas
que hemos hecho componer por Triboniano, del rango de los
clarissimi, y por otras personas entendidas del rango de los
illustri, en los que está recogido todo el derecho antiguo, hemos
ordenado dividir estos Instituta en cuatro libros que abarcan los
primeros elementos de toda la ciencia de las leyes. En ellos se
expone con brevedad lo que está vigente desde antiguo, oscurecido
primero por haber caído en desuso y vuelto a la luz por nuestros
cuidados imperiales.
Estos
Instituta, tomados de los antiguos y en especial de los comentarios
de nuestro Gayo... nos han sido presentados por los tres
jurisconsultos susodichos. Los hemos leído, estudiado, y los hemos
dado toda la vigencia de nuestras constituciones. Recibid, pues,
estas leyes con devoción y atención y mostraos celosos de ellas ya
que tenéis la esperanza, una vez concluidos vuestros estudios de
leyes, de participar en el gobierno de la cosa pública en los
puestos que os sean confiados. (Textes et Documents
de Histoire... París, 1972. I. p.73. Ed.M. Blondeau, I, pp.
6-8, París, 1839.) (Doble espacio) |