La vida en el foro romano

Grupo de romanosPlauto, en el Curculio, hace una descripción del foro y sus cercanías en los momentos de mayor barullo: allí sobre el comicio, donde se sientan los jueces y hablan los oradores desde la tribuna, puedes ver a los perjuros, a los embrollones, a los jactanciosos; junto a la estatua de Marsias, en la plaza, los abogados, los pleiteantes, los testigos; junto a las tabernae novae et veteres, delante de las basílicas, las pelanduscas, los banqueros, los usureros y los corredores; en la parte baja del foro las personas graves y serias que hablan de sus asuntos, de política, o narran sus antiguas gestas, o pasan distraídamente el tiempo; en el centro los parásitos que aguardan una propina o una invitación a cenar, los borrachos, los charlatanes y los malhablados. Detrás del templo de los Dióscuros y hacia el Vicus Tuscus la gente perdida y de mala fama; en el Velabro, los panaderos, los carniceros, los arúspices, los invertidos; junto a la fuente Yuturna los enfermos que beben y beben sus aguas medicinales o milagrosas; en las pescaderías los hombres de gusto refinado. Y sobre todo la turba inmensa de ociosos y vagabundos los “forenses” que, cuando no están entretenidos en los juegos de azar, divulgan toda clase de noticias reales e imaginarias o protestan contra todas las disposiciones o actos de los gobernantes. Y junto a ellos los crédulos, los desgraciados, los que van a enterarse de “dónde han llovido ranas, o han hablado los bueyes”, o se han visto dos soles, o ha manado sangre o leche en las fuentes, para hacer sus conjeturas sobre el porvenir.

(GUILLÉN, José. Urbs Roma. Vida y Costumbres de los romanos. I. La Vida Privada. P. 38. Salamanca, 1972-1980)

   

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