Durante
la República, los soldados llevaban un casco con doble
penacho, una túnica de cuero con escamas de metal y escudos
rectangulares u ovales.
La
coraza de los legionarios de la columna de Trajano consistía
en correas de cuero recubiertas de hierro y aplicadas sobre un
peto; el busto estaba protegido por cinco de estas correas;
bajo la coraza aparecía una corta túnica de lana; el escudo
era abombado y el casco llevaba un solideo provisto de una
cogotera, con un anillo en la cima para colgarlo del hombro
durante las caminatas. Los soldados, primero con las piernas
desnudas, adoptaron, después de la conquista de la Galia, el
pantalón, inspirado en los calzones galos. En el siglo I de
nuestra era los militares pretorianos se pusieron una coraza
moldeada den forma de tórax, alargada con lambrequines, un
casco con visera salida y barbera articulada, sellada con una
bonita cimera de plumas verticales. Sobre la coraza ataban su
cinturón, cuyos extremos colgaban sobre el
vientre.
El
traje de los generales y de los emperadores era de una
majestad imponente; la coraza amoldada al torso estaba
realzada con cincelados, adornada con ricos lambrequines y
acompañada de una capa de púrpura.
(BEAULIEU,
Michéle. El vestido antiguo y medieval. Pp 62-63.
Barcelona. Oikos-Tau.
1971)