La comida diaria


Comida romanaHabía, como es obvio, una gran diferencia entre el modo de alimentarse entre los romanos ricos y los pobres, diferencia que prácticamente no existía en los siglos anteriores, cuando la vida en Roma era más sencilla y simple, casi espartana. No existían esclavos en la preparación de los alimentos y todos se conformaban con una hogaza o un poco de polta, una menestra de cebada y trigo blanco, a la que se añadían habas y garbanzos, aderezada con ajo, cebolla y col aliñada con grasa de cerdo. Solamente en ocasiones especiales comían huevos, queso, carne de pollo o de cerdo, verdura y fruta. Después, Roma entró en contacto con las ciudades de la Magna Grecia y de Sicilia, y adoptó sus costumbres alimenticias, que eran más refinadas. Seguidamente, los esclavos y todos los que procedían de los territorios conquistados por los romanos traían consigo sus recetas culinarias.

Entonces todo cambió, pues apareció un gastrónomo, de nombre Apicio Comida romana(del que Séneca dice que era un corruptor, puesto que inició en los secretos de su doctrina gastronómica a jóvenes que, de otro modo, se habrían dedicado a la filosofía), que escribió un tratado – el primero de la historia – sobre el Arte Culinario, con casi 500 recetas. Una curiosidad: muchas de estas recetas prevén el uso abundante de especias y aromas, cuya principal misión era disimular olores y sabores provocados por el deterioro de alimentos como la carne y el pescado. Por otro lado, el olfato y el gusto de los romanos, en cuestión de comida, no era muy sutil. Baste como ejemplo el garum, una salsa hecha con vísceras de pescado que se dejaba macerar en sal, usada para dar sabor a todos los alimentos, que incluso se consumía sola, y que era muy apreciada tanto en la mesa de los ricos como en la de los pobres.

.... El pobre solía contentarse con una menestra a la que excepcionalmente acompañaba con las llamadas isicia, albóndigas de carne escaldadas con agua hirviendo. La cena del rico podía comenzar a las tres de la tarde (al mediodía solo se tomaba un pequeño aperitivo) y proseguía toda la noche con un número increíble de alimentos ( jabalíes, mariscos, cabritos y otras carnes, todo tipo de verduras, quesos, frutas exóticas y dulces). Había un cierto número de esclavos que ofrecían a los comensales todo lo que deseaban, e incluso les ayudaban a “liberarse” del exceso de alimentos, para que pudieran comenzar de nuevo a comer y a beber.

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