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Rómulo y Remo
deciden fundar una ciudad para los que los siguen, precisamente en
las faldas del Palatino, donde habían sido arrojados al agua y donde
habían sido alimentados. Para decidir cuál de los dos sería el rey,
consultan los auspicios observando el vuelo de las aves, y los
dioses manifiestan que debe ser Rómulo. A continuación marca con el
arado la línea que seguirán las murallas, levantando el arado donde
deben ir las puertas. Remo salta una y otra vez el surco del arado
mofándose de su hermano y éste, muy irritado, le da un golpe en la
cabeza y lo mata increpándole a la vez. con estas palabras: "Así le
ocurrirá, en el futuro, a cualquiera que se atreva a franquear mis
murallas". De este modo, Rómulo se apoderó él solo del mando, y la
nueva ciudad fue denominada por el nombre del
fundador. (TITO LIVIO.
Ab urbe condita, I)
(Doble espacio) |