|
Dejó también dos
libros Sobre la analogía, otros dos Anticatones y, además, un poema
titulado El viaje. Compuso la primera de estas obras al atravesar
los Alpes, cuando volvía de la Galia Citerior a reunirse con su
ejército después de haber celebrado sus audiencias; la siguiente,
por el tiempo de la batalla de Munda; la última, durante los
veintitrés días que duró su trayecto de Roma a la Hispania Ulterior.
Se conservan también sus cartas al Senado, que parece haber sido el
primero en componer en páginas y a la manera de un cuaderno de
notas, mientras que antes los cónsules y generales sólo las enviaban
escritas a todo lo largo del folio. También se conservan las
dirigidas a Cicerón, así como las que escribía a sus familiares
sobre asuntos domésticos, en las que, si quería transmitir algún
mensaje más confidencial, lo escribía cifrado, es decir, colocando
de tal manera el orden de las letras que no podía obtenerse ninguna
palabra: si alguien quiere descifrar estas palabras y obtener su
sentido, debe cambiar la cuarta letra del alfabeto, es decir la D,
por la A, y así sucesivamente. Se citan asimismo algunos escritos de
su niñez y de su primera juventud, como, por ejemplo, el titulado
Alabanzas de Hércules, la tragedia Edipo y una Colección de
sentencias, pero Augusto prohibió que todas estas obritas se
pusieran a disposición del público por medio de una carta, de suma
brevedad y sencillez, dirigida a Pompeyo Marco, a quien había
encargado la organización de las bibliotecas.
[Traducción
de Rosa María Agudo
Cubas] |