Los antepasados han querido narrar las solemnes
ceremonias que tenían lugar con la sabiduría de los pontífices, las
garantías de que las cosas iban a salir bien.
Con la
observación de los augures, las predicciones de Apolo con los libros
de los adivinos, el soslayo de portentos gracias a la ciencia
etrusca. También se utiliza una primitiva institución
para los asuntos divinos, cuando hay que pedir algo, se usa la
oración, cuando hay que hacer una demanda, el voto, cuando hay que
pagar una deuda, la acción de gracias, cuando hay que hacer una
disquisición de las entrañas o de las suertes, el augurio;
cuando hay que celebrar con rito solemne, el sacrificio, con el que
se también se hacen los servicios de las denuncias de los prodigios
y de los rayos.
Pero los antiguos tuvieron el empeño no sólo de conservar
sino también de ampliar los actos religiosos, hasta tal punto que
con la ciudad en pleno florecimiento y opulencia se entregaron diez
hijos de los principales hombres por decreto del senado a sendos
pueblos de Etruria para aprender esta disciplina de las cosas
sagradas, y para Ceres, a la que habían ordenado dar culto en
concordancia con la costumbre griega, se habían dirigido a la
sacerdotisa Califana, o bien como algunos dicen Califena, de Velia,
cuando esta población aún no había recibido el título de ciudadanía,
para que no le faltase a la diosa una servidora experta
en el los ritos ancestrales.
Como quiera que había en la ciudad un bellísimo templo de
Ceres, en la revuelta de los Gracos, advertidos por los libros
sibilinos para aplacar a la Ceres muy vetusta, enviaron a Hena,
puesto que creían que su culto había partido de allí, a quince
hombres para hacerla propicia. Asimismo a menudo nuestros generales
victoriosos dirigiéndose a Pesinunte cumplieron los votos contraídos
con la Madre de los dioses.
El pontífice máximo Metelo no toleró que el cónsul Postumio y
también flámine de Marte, que se marchaba a África para hacer la
guerra, para que no se separara de sus deberes sagrados, abandonara
la ciudad con una, y concedió a la religión el máximo poder, puesto
que no parecía que Postumio fuera a celebrar sin estar seguro
el certamen de Marte, si se abandonaban las ceremonias en honor de
Marte.
(VALERIO
MÁXIMO. Hechos y dichos memorables, 1,
1)