Prefacio a la obra de Valerio Máximo

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He decidido compilar, seleccionados a partir de autores famosos, los hechos y a la vez dichos de la ciudad de Roma y de los pueblos extranjeros, que en otros autores están esparcidos de una forma más amplia como para que puedan  conocerse de una forma breve, para ahorrarles el trabajo de una larga búsqueda a los que quieran reunir los documentos. Y no me entró un ansia por abarcarlo todo. Pues, ¿Quién podría incluir todas las hazañas de toda época en un número moderado de libros?, o ¿Quién estando en su sano juicio  podría tener la esperanza de transmitir todo el conjunto de la historia nacional y extranjera, reunida por el feliz estilo de los anteriores escritores, con un cuidad más atento o con un trabajo más brillante?. 

Así pues, con  te invoco para esta empresa a ti, a quien el consenso de hombres y dioses ha querido que fueras el rector del mar y la tierra, tú César, segurísima salvación de la patria, gracias a cuya divina providencia las virtudes, de la que voy a hablar, son favorecidas con toda bondad, y los vicios son castigados con toda severidad. Pues si los primitivos oradores comenzaron bien a partir de Júpiter el Mejor y el más Grande, si los más brillantes poetas trajeron los comienzos de sus obras a partir de algún numen, mi insignificancia habrá discurrido por eso con más justicia bajo la protección, con la que el resto de los divinos se une en su opinión, pero la tuya parece con una fe presente igual a la de los astros de tu padre y tu abuelo1 , bajo cuyo excelso brillo ha llegado a nuestras ceremonias mucho de excelsa alegría. 

Hemos recibido a los demás dioses, hemos entregado a los Césares.  Y como está en mi ánimo iniciar por el culto a los dioses, voy a disertar sobre su condición sumariamente.


NOTAS:   1. Se refiere a Augusto y César, ya divinizados en la época de Tiberio, su sucesor e hijo y nieto adoptivo.