En vano algunos necios imaginan
que sin la ciencia y numen
de los dioses,
tantos efectos producir no puede
la materia
arreglados y precisos,
ni las vicisitudes de estaciones
y los
varios productos de la tierra: (170)
ni el suave impulso
del amor que mueve
por medio del deleite a los mortales,
ni
el divino placer que da la vida
y a propagar les lleva las
especies
porque el género humano no se extinga.
Fingen ellos
ser obra de los dioses
y producción divina todo esto:
muy
engañados van en su sistema.
Aunque ignorara la naturaleza
de los principios, sin embargo, osara
con la vista del cielo
comprobarte
y con otros fenómenos que el mundo
no ha sido
por los dioses fabricado,
pues es tan deficiente e imperfecto;
yo te lo aclararé más adelante:
explicaremos al presente,
Memmio,
lo que resta decir del movimiento.
(LUCRECIO. La Naturaleza de
Las Cosas, 2, 167 -185 [Abate Marchena / Agustín García
Calvo])