Para que no resulte
extraño a ninguno de vosotros el ver al poeta confiar a un anciano
el papel propio de gente joven, empezaré por daros una explicación;
después os diré a lo que vengo.
Sacada de una comedia griega
todavía por traducir, os voy a representar una comedia nueva: el
Heautontimorúmenos; la intriga es doble sin que el argumento carezca
de unidad''.
Os he indicado que es nueva y cuál es su título. Ahora ¿quién
es su autor y quién el del original griego? Os lo diría, si -no
estimara que lo sabéis casi todos1.
Os aclararé pues en breves palabras por qué me he encargado
de este papel. El autor quiso asignarme el papel de un defensor, no
el del Prólogo: os toma a vosotros por jueces, y a mí por su
abogado. Pero la elocuencia de este abogado no será eficaz sino en
la medida que resulte exacto el pensamiento de quien escribió el
discurso que voy a pronunciar.
Con referencia a los rumores que han hecho circular gentes
malintencionadas, achacando (al autor) el compilar muchas comedias
griegas para componer pocas latinas, él no desmiente que ello sea
así, y, además, declara que no está de ello arrepentido y que hará
lo propio en adelante. Tiene el ejemplo de buenos escritores y
entiende que este ejemplo le autoriza a proceder como ellos
procedieron.
Y en cuanto a lo que va pregonando el viejo poeta
malintencionado, que nuestro autor, se lanzó repentinamente a
cultivar el arte, más confiado en el talento de sus amigos que en
la''propia inspiración', en todo esto harán ley vuestro veredicto y
vuestra apreciación. Y, por ello, quiero pediros a todos un favor:
que no tenga más eficacia la voz de la injusticia que la de la
equidad: procurad ser justos; dad la posibilidad de triunfar a
quienes os proporcionan la posibilidad de contemplar espectáculos
inéditos, sin defectos.
No tome esto por un elogio quien últimamente nos representó
al pueblo cediendo el paso ante un esclavo que corría por la calle:
¿por qué se habría de sujetar a un loco? Sobre los fallos de este
personaje se insistirá más detenidamente al ofreceros nuevas
comedias, si él por su parte no pone fin a sus insultos2.
Oídme con ánimo imparcial; permitidme, con vuestro silencio,
representar una comedia sosegada; no siempre os he de representar a
un esclavo corriendo, a un viejo enfurecido, a un parásito glotón, a
un desvergonzado impostor, a un ávido mercader de esclavos, cuyos
papeles exigen constantemente de mis años viejos los mayores gritos
y, a la vez, enorme fatiga.
En atención a mi persona, persuadíos que es justo aliviarme
algo en mi trabajo. Pues los que actualmente escriben comedias
nuevas no tienen consideración alguna para mis años. ¿Se trata de
una representación difícil? Se acude a mí; pero si es fácil se
acude a otra compañía. En la de hoy no hay más que un puro diálogo:
poned a prueba mi habilidad en ambos géneros.
[Si jamás estipulé un precio lucrativo a mi actuación
artística, si siempre he tenido por mi principal ganancia contribuir
con el mayor afán al servicio de vuestros intereses], dad un ejemplo
en mi persona, para que los jóvenes poetas piensen mas en divertiros
a vosotros que en labrar la propia
fortuna.
(TERENCIO. El Atormentador de
sí mismo, Prólogo [Lisardo Rubio
Fernández])