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Y tú, que te compadeces de las
mujeres embarazadas cuya carga escondida les hincha el vientre y se
lo hace pesado, sé propicia y presta atención a mis súplicas,
Ilitía: ella merece salvarse por tu intercesión: da la orden de que
así sea, Yo mismo, vestido de blanco, quemaré incienso en tus
altares envueltos por el humo, yo mismo pondré ante tus pies
las ofrendas prometidas; y añadiré este letrero: 'Nasón, por haberse
salvado Corina.' Tú sólo tienes que darme motivos para escribir el
letrero y hacerte las ofrendas.
A pesar de todo, si es lícito dar consejos
en tan crítica situación, ten ya bastante tú con haber luchado en
esta batalla.
De qué les sirve a las mujeres su descanso por estar
dispensadas de la milicia, y el no querer sumarse, provistas de
escudo ligero,a los fieros escuadrones, si al margen de la guerra,
con sus propios dardos, se infringen heridas y ponen en sus ciegas
manos armas que atentan contra su vida?
La primera que tuvo la idea de desprenderse
de sus fetos indefensos, habría merecido morir en esta su
campaña guerrera. ¿Acaso para que tu vientre carezca del baldón
de las estrías, vas a extender la arena funesta de tu
combate?1. Si a las matronas de antaño les hubiera
caído en gracia seguir la misma costumbre, habría perecido la raza
humana por su culpa, y hubiera sido preciso encontrar a otro que de
nuevo arrojara piedras en la tierra vacía para dar origen a
nuestro linaje2 ¿Quién habría aniquilado el poder de
Príamo, si Tetis, la divinidad marina, se hubiera negado a
soportar como es debido su embarazo?3
Si Ilia en su abultado seno hubiese matado
a los gemelos, habría perecido el fundador de la ciudad
imperial4;si Venus, cuando estaba encinta,
hubiese atentado contra Eneas en su vientre, se hubiera visto la
tierra privada de los Césares5.Tú también, aun pudiendo nacer hermosa,
hubieras muerto, si tu madre hubiese intentado la misma acción que
tú. Incluso yo, aunque me hayan dado como mejor destino el
morir amando, no habría visto nunca la luz del día, si mi madre me
hubiese matado.
¿Por qué a una cepa llena de racimos le quitas uvas que no
están en sazón y arrancas con tu mano cruel los frutos agrios aún?
Déjalos que caigan por sí solos cuando estén maduros; deja
desarrollarse a lo que ya ha nacido. La vida es recompensa no
pequeña para un breve plazo de espera. ¿Por qué os pincháis el
vientre con objetos puntiagudos que os introducís y dais
venenos mortales a los que aún no han nacido?
A la de Colcos6 la acusan de haberse manchado con la sangre de
sus hijos y se lamentan de que a Itis7 lo haya degollado su madre: ambas fueron madres crueles, pero
ambas se vengaron de sus maridos por graves motivos con el
exterminio de su común descendencia. Decidme vosotras qué Tereo o
qué Jasón8 os incita a pinchar vuestro cuerpo con
mano temerosa. Eso no se atrevieron a hacerlo ni siquiera las
tigresas en las cavernas de Armenia, ni tampoco la leona se
atrevió a matar a su crías. Pero sí que lo hacen las delicadas
muchachas, ¡mas no impunemente! : muchas veces la que da muerte a
los suyos dentro de su vientre, perece también ella. Perece también
ella y se la llevan a la pira con la cabellera despeinada, y todos
dicen nada más verla: 'se lo ha
merecido.'
Pero
que estas palabras mías se desvanezcan en las etéreas brisas y
mis augurios no tengan peso alguno. Sed benevolentes, dioses, y
acceded a que, sin graves consecuencias, haya delinquido por
esta vez; y ya es bastante. Que cumpla su castigo si comete una
segunda falta.
(OVIDIO.
Amores, 2, 13 – 14 [Vicente Cristóbal
López])
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