Virtudes de los ajos

cerrar

Sí alguien alguna vez ha roto el cuello a su anciano padre con mano impía, que coma ajos, más dañinos que la cicuta. ¡Oh entrañas despiadadas de quienes los reco­gen! ¿Qué veneno es éste que me roe las tripas? ¿Es que, sin saberlo, he comido sangre de víbora, cocida con tales hierbas, o que Canidia 2aderezó estos horribles man­jares?

Cuando Medea, entre todos los argonautas, se pasmó ante la belleza deslumbradora de su caudillo, fue con ajos con lo que embadurnó a Jasón por todo el cuerpo para que unciera los toros al yugo desconocido. Y tras vengarse de su rival con obsequios impregnados en ajos, huyó en alas de un dragón.

Nunca el sol hizo caer un bochorno tan grande sobre la sedienta Apulia; ni obsequio tan abrasador ardió en las espaldas del laborioso Hércules.

Y si una cosa así la has deseado tú alguna vez, bromista Mecenas, ¡ojalá -tal es mi ruego- que tu amante pon­ga freno a tus besos con su mano y duerma en el borde de la cama!.


(HORACIO.  Epodos, 2 [Vicente Cristóbal López])


NOTAS: