|
Si los hombres experimentan placer al recordar
la antigua obra bien hecha, cuando consideran que son honrados, que
han respetado la sagrada fidelidad, que en ningún pacto han invocado
en vano el poder de los dioses para engañar a los hombres, muchas
satisfacciones te aguardan a lo largo de tu vida, Catulo, a causa de
este amor tuyo no correspondido, pues todo el bien que los hombres
pueden hacer o decir a sus semejantes, tú lo has dicho y hecho. Todo
ello ha muerto confiado a un corazón ingrato. ¿Por qué, pues,
atormentarte ya más? ¿Por qué no sacas coraje y te apartes de ella y
aún con los dioses en contra, dejas de ser un desdichado? Es difícil
renunciar e pronto a un prolongado amor; es difícil, pero hazlo de
cualquier forma. Esta es tu única esperanza de salvación: tú debes
conseguir esta victoria; hazlo, tanto si puedes como si no. Oh,
dioses, si es propio de vosotros la compasión o si llevasteis
algunos, alguna vez, ya en el mismo momento de la muerte, un último
socorro, contemplad mi desdicha y, si he vivido sin culpa, libradme
de esta enfermedad y de esta perdición, que como una parálisis
deslizándose hasta el fondo de mi cuerpo, ha arrancado completamente
la alegría de mi pecho. Yo ya no pretendo que ella corresponda a mi
amor o, lo que resulta imposible, que consienta en ser pudorosa. Yo
sólo aspiro a curarme y a quitarme esta cruel enfermedad. ¡oh
dioses, concedédmelo a cambio de mi
piedad!
(CATULO. 76[Traducción,de Arturo Soler
Ruiz])
|