Otra vez decías que sólo has
conocido a Catulo,
Lesbia, y ni a Júpiter querías
poseer antes que a mi.
Te quise entonces no sólo como el
vulgo a una amiga,
sino como el padre quiere a sus
hijos y yernos.
Ahora te he conocido: porque,
aunque ardo más considerablemente,
para mi eres mucho más despreciable
e insignificante.
"¿Cómo es posible?", dices. Porque
una injuria así
obliga al amante a amar más, pero a
estimar menos.
(CATULO. 72)