Dido herida de Amor

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Pero la reina, herida por un desasosiego grave,

alimenta la llaga en sus venas y se consume

en secreto fuego. Da vueltas en su ánimo al gran valor

del héroe y a la gran gloria de su linaje; tiene

clavados en el pecho aquel rostro y aquellas palabras,

y la angustia no concede a sus miembros paz ni reposo.

Al día siguiente, cuando la Aurora iluminaba la tierra

con su antorcha Febea y se disipaban en el cielo

las sombras, húmedas de rocío, habló así la enferma

de amor a su hermana, partícipe de su alma:

'Anna, hermana, ¿qué sueños espantosos me roban

el descanso? ¿Quién es este huésped que ha entrado

en nuestra casa? ¡Qué noble es su semblante! ¡Qué esforzado

de corazón y con las armas! Yo creo, y no es vana mi fe,

que es de raza divina, pues el miedo es señal

de las almas cobardes. ¡Ay! ¡Qué terribles pruebas

le enviaron los hados! ¡Qué agotadoras guerras nos contaba! '


(VIRGILIO.  Eneida, 4, 1 – 15 [Luis Alberto de Cuenca, Antonio Alvar])


NOTAS: