Eneas narra el final de Troya

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El silencio reinaba. Todos los ojos dependían de él; todos los rostros, en tensión, expectantes, aguardaban su voz. Y el padre Eneas, desde su alto lecho, comenzó: «Más allá de las palabras está, reina, el dolor que me ordenas renovar: cómo los Dánaos arrasaron la opulencia Troyana y el lastimoso reino, deplorables escenas que yo mismo viví y sufrí. ¿Cuál de los Mirmidones o de los Dólopes1, qué soldado del inflexible Ulises podría, al evocar aquellos hechos, no dar cauce a las lágrimas? La húmeda noche se precipita ya desde el cielo y los astros ponientes invitan al descanso. Pero si es tan grande tu deseo de conocer nuestras desgracias y de escuchar, en breve relato, el trance último de Troya, hablaré, aunque mi alma se horrorice ante semejante recuerdo y quiera refugiarse en el llanto y no en las palabras. Rotos por los diez años de guerra y por el hado adverso, los caudillos Dánaos construyeron un gran caballo...» […]
Gira, entre tanto, el firmamento y la noche se precipita sobre el Océano, envolviendo con su gran sombra la tierra, el cielo y los engaños de los Mirmidones. Dentro de las murallas, callan todos los Teucros2; el sueño abraza sus fatigados miembros. Mientras, la hueste Argiva desde Ténedos3 navegaba en bien provistas naves, a través del propicio silencio de la luna callada, rumbo a riberas bien conocidas, Cuando en la nave real se alzó un fuego, Sinón4, protegido por los hados inicuos de los dioses, abre furtivamente las prisiones de pino a los Dánaos ocultos en el vientre. El caballo, al abrirse, los vuelve al aire libre, y, alegres, salen de la hueca madera los caudillos Esténelo y Tesandro, y el cruel Ulises, deslizándose por una cuerda, y Acamante, y Toante, y el Pelida Neoptólemo5, y Macaón antes que nadie, y Menelao, y Epeo, constructor del engaño. Invaden la ciudad sepultada en sueño y en vino. Dan muerte a los guardianes y, abiertas las puertas, reciben a sus compañeros y se unen ambos grupos armados.


(VIRGILIO.  Eneida, 2, 1 – 23; 250 - 263 [Luis Alberto de Cuenca, Antonio Alvar])

NOTAS: (notas)  1. Mirmidones, dólopes, dánaos, argivos; son nombres de los griegos.  2. Denominación de los troyanos.  3. Esta pequeña isla frente a las costas frigias de Troya sirvió de escondite a la flota griega para hacer creer a los troyanos que se habían ido.  4. Es una pieza fundamental en el engaño. Se hace pasar por desertor y convence a los Troyanos de la bondad del caballo.  5. Se trata del hijo de Aquiles, muerto ya, descendientes de Peleo, en cuyas bodas con la diosa Tetis se originó la guerra de Troya.