El paso de la educación básica a la superior

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1. La costumbre ha mantenido, lo que cada día tiene más vigor, que se lleven los alumnos a los profesores de elocuencia, a los latinos siempre, pero también a veces a los griegos, no antes de lo que pide la razón. La causa de este asunto es doble: pues los profesores de retórica también los nuestros omitieron sus cometidos y los gramáticos ocuparon los ajenos. 2. En efecto también aquéllos dicen que es parte de su trabajo declamar y trasmitir la teoría de la declamación y la práctica, y que eso está dentro de las materias deliberativas y judiciales; en efecto lo demás lo miran como menor para su enseñanza, y éstos creen que no es suficiente haber recogido lo que se había dejado (también hay que tener agradecimiento con este nombre), sino que irrumpen en las prosopopeyas y en las suasorias1, en las que quizás esté la mayor carga para la elocuencia. 3. Por eso a partir de esto sucede que lo que era antes la primera labor de una disciplina, se ha convertido en la última de la otra, y la edad en la que se debe ya estar en estudios superiores se dedica a la escuela menor y ejercita la retórica con los gramáticos. Así –cosa que es absolutamente ridícula- no parece que haya que mandar al muchacho al profesor de declamación antes de que sepa declamar.

4. Demos nosotros a cada enseñanza sus términos; y que  la gramatiké que traduciéndola al latín llamaron literatura, sepa cuáles son sus límites, en particular que solamente ha avanzado a partir de esta austeridad de su denominación dentro de la cual aquellos primeros gramáticos se detuvieron. Pues, débil, desde su fuente corre ya en un cauce bastante lleno con las fuerzas tomadas de los historiadores y críticos, ya que, aparte de las reglas de hablar correctamente en cierto modo ya muy abundantes,  ha abrazado la teoría de casi todas las materias más importantes. 5. Y la retórica, a la que le otorga el nombre la fuerza de la elocuencia, que no rechace sus deberes ni se regocije en que lo que atañe a su trabajo sea ocupado: Este trabajo, mientras se hace una cesión del deber,   ya casi está excluido de poseerlo. 6. Y no voy a negar que alguno de entre los que enseñan gramática pueda  avanzar hasta tal punto que no se baste también para enseñar retórica. Pero, cuando haga eso, hará las funciones de un profesor de retórica, no las suyas.

7. Luego Nosotros buscamos saber cuándo parece que el muchacho está maduro para esas enseñanzas que la retórica enseña: En él no hay que considerar esto, qué edad tiene cada cual, sino  cuánto ha logrado ya en sus estudios. Y para no extenderme más largo tiempo sobre cuándo hay que llevarlo al profesor de retórica, creo que voy a acabar muy bien: cuando pueda. Pero esto mismo depende de una pregunta anterior. 8. En efecto si la actuación de la gramática se extiende hasta las suasorias, la necesidad del profesor de retórica es más tardía: si el profesor de retórica no rechaza los primeros deberes de su labor, al punto se anhelará  su cuidado en las narraciones y obritas de alabanza y vituperio. 9. ¿A caso ignoramos que para los antiguos este fue el tipo de ejercicio para incrementar la elocuencia, para decir sus tesis y los tópicos y las restantes cosas además de lo abarcado por las cosas y las personas con las que se mantienen las controversias fingidas y verdaderas? Por esto está a la vista cuan torpemente la instrucción de la retórica abandona esa parte que tuvo como la primera y hace tiempo como la única. 10. ¿Qué es, entonces, de éstas de las que he hablado más arriba, lo que atañe no tanto a otros géneros que son propios de los profesores de retórica, cuanto a aquel género judicial de la causa? ¿a caso no hay que narrar2 en el foro? No sé en qué parte o si es en todo. 11.¿No se introduce a menudo la alabanza y el vituperio en aquellos certámenes?  No son lugares comunes, o bien los que son dirigidos contra los vicios, cuales los que leemos compuestos por Cicerón, o bien con los que se tratan generalmente las preguntas, cuales fueron publicados por Quinto y también Hortensio3, como "¿hay que creer en pequeñas pruebas?" y "¿las que tratan en el meollo de los pleitos "a favor de los testigos" y "contra los testigos"? 12.- Son armas estas que tienen que estar preparadas en cierto modo siempre, para usarlas cuando las circunstancias lo requieran. El que no considera lo que pertenece al discurso, es como si creyera que una estatua se comienza cuando sus miembros se funden.

Y que nadie calumnie esta rapidez mía, como algunos considerarán, como si yo pensara que al que se ha llevado al profesor de retórica hay que quitárselo en seguida a los gramáticos. 13. Se les dará también a ellos su tiempo, y no habrá que temer que se cargue al muchacho con dos profesores a la vez. En efecto no  aumentará, sino que se repartirá el trabajo que se mezclaba bajo un solo profesor. Será más provechoso cada profesor en sus trabajos. Esto  lo hacen hasta ahora los griegos, los latinos lo abandonaron, y parece que se hace con excusas, porque hay quienes han tenido éxito con esta tarea.

(QUINTILIANO. La Instrucción del Orador, 2, 1)


NOTAS:   1. "Prosopopeyas y suasorias". Son dos tipos de ejercicios típicos de la retórica antigua.   2. Se trata de una referencia a una de las partes del discurso la narratio.  3. Famosos oradores de siglos anteriores a Quintiliano.