Cicerón y Demóstenes, modelos de orador

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Los oradores, a su vez, pueden ante todo poner en práctica una elocuencia latina equiparable a la griega. En efecto, yo podría contraponer decididamente a Cicerón con cualquie­ra de ellos. Y no desconozco qué gran conflicto se me pre­senta por más que no sea mi objetivo el compararlo ahora con Demóstenes; ni siquiera es pertinente, habida cuenta de que pienso que en primer lugar Demóstenes debe ser leído e incluso aprendido.

Considero que muchas cualidades de ambos son parejas: el juicio crítico, la organización, el método de división, de preparación y de confirmación, todas las cualidades que, en definitiva, son propias de la búsqueda de argumentos. En el estilo, en cambio, hay alguna divergencia: Demóstenes es más concentrado, y Cicerón más profuso; aquél concluye el período más concisamente, éste, de forma más expansiva; aquél siempre entabla la disputa sirviéndose de su agudeza, éste, a menudo, también con su autoridad; a aquél no se le puede quitar nada, ni nada añadir a éste; en Demóstenes hay más artificio, en Cicerón más naturalidad.

(QUINTILIANO. La Instrucción del Orador, 10, 1, 105- 106. [Traducción de Antonio Moreno Hernández])


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