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El
sistema completo de la oratoria, como han transmitido la mayoría de
los autores más sobresalientes, consta de cinco partes: la búsqueda
de argumentos (inuentio), la organización
(dispositio), el estilo (elocutio), la memoria
(memoria) y la representación (pronuntiatio)
opuesta en escena (actio) -pues de ambas formas se
dice-. Todo enunciado, a través del cual se expresa alguna
intención, es preciso que tenga contenido, tema (rem) y
expresión formal, palabras (uerba). En caso de que sea
breve y limitado a un único período, acaso no exigiría ninguna
otra cosa; pero un discurso más extenso requiere mucho más. En
efecto, no importa sólo qué decimos y cómo, sino también en qué
lugar; hay necesidad, por tanto, de una organización. Mas no
podremos decir todo lo que demanda cada tema ni en su posición
adecuada si no es con el apoyo de la memoria. Por consiguiente, ésta
será a su vez la cuarta parte de la oratoria. Todo este
conjunto, sin embargo, lo desvirtúa y lo echa prácticamente a
perder una representación inconveniente por la voz o por el
gesto; por ello, se debe asignar a la puesta en escena el
quinto lugar.
(QUINTILIANO. La Instrucción del Orador, 3, 3, 1-3.
[Traducción de Antonio Moreno
Hernández]) |