Las ocas

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En la villa de Galerio, durante el consulado de M. Lépido y Q. Lutacio Catulo, habló un gallo, caso único, qué yo sepa.

Y la tarea de vigilancia ejercida por las ocas esta atestiguada en la defensa del Capitolio, en una ocasión  en que, por el silencio de los perros, se puso en peligro el Es­tado1; por esta razón los censores adjudican en primer lugar la alimentación de las ocas. Incluso hay una historia de amor: en Egeo una oca, cautivada por la belleza de un joven de Ole­no, de nombre [...],y otra, por la de Glauces, tocadora de  cítara del rey Ptolomeo2
a la que, según se cuenta, por aquel tiempo también amaba un carnero.3Puede también pen­sarse que reconocen la sabiduría: se dice que una acompaña­ba continuamente al filósofo Lácides y nunca se apartaba de él ni en público, ni en los baños, ni de día ni de noche.

Pero más sabios fueron nuestros antepasados que las apreciaron por su exquisito hígado. En los ejemplares ceba­dos alcanza gran tamaño e, incluso después de extraído, cre­ce también en una mezcla de leche y miel. No sin motivo se discute quién fue el descubridor de un bien tan grande, Esci­pión Metelo, consular, o Marco Sejo, caballero romano, contemporáneo suyo. Pero, de lo que hay constancia es de que Mesalino Cota, hijo del orador Mesala, tuvo la idea de tostar las palmas de los pies de estas aves y aderezarlas en una fuente con crestas de gallo; sin duda con absoluta honestidad podría atribuir la palma culinaria a cualquiera de ellos.

Es asombroso en estas aves que vengan a pie desde el territorio de los morenos hasta Roma; los que están agota­dos pasan a ocupar los primeros puestos, de esta forma los de­más, por su instinto de arremolinarse, los empujan.

Otra fuente de riqueza reside en la pluma de los ejemplares blancos. En algunos lugares se despluman dos veces al año y, otra vez, se recubren de plumas. Las más suaves son las que están más próximas al cuerpo y de Germanía proceden los ejemplares más estimados. Allí las ocas son blancas, pero de menor tamaño; se las llama gantae.

El precio de estas plumas es de cinco denarios por li­bra; de ahí que se presenten acusaciones frecuentes contra prefectos de tropas auxiliares por enviar cohortes enteras des­de el puesto de vigilancia a cazar estos animales; y el refina­miento ha llegado al extremo de que sin este complemento no pueden pasarse ya ni siquiera las nucas de los varones.

Otra aplicación de la oca se descubrió en un lugar de Siria llamado Comagene4
la grasa de este animal con ca­nela en un recipiente de bronce, recubierta con una capa abundante de nieve y macerada a muy baja temperatura, se emplea para preparar un remedio afamado que se denomina comageno por el nombre del pueblo.

(PLINO EL VIEJO. Historia Natural, 10, 52 - 55. [Traducción de Isabel Gómez])


NOTAS:   1. Se refiere Plinio a la leyenda de que en cierta ocasión las ocas avisaron de la inminente invasión de Roma en los primeros tiempos de la República. 2. Rey del reino helenístico de Egipto. 3. Forma apocopada por amavisse, infinitivo perfecto de amo.  4. En esta ciudad en Anatolia, actualmente Turquía, se desarrollo un importante centro helenístico.