Algunos han
preferido utilizar la hiel en conserva, mezclándola con un
óbolo de salvado caliente y cuatro de miel, después de haber frotado
las manchas. Del mismo animal es eficaz también el sebo
con ajenuz, sulfuro e iris; para las grietas de
los labios con grasa de ganso y médula de ciervo, resina y cal.
Encuentro en las fuentes que a los que tienen pecas les está negada
la participación en los sacrificios mágicos.
Con leche
de vaca o de cabra mejoran las amígdalas y las ulceraciones de la
tráquea. Se hacen gárgaras con ella templada, recién ordeñada o
calentada según la costumbre. La de cabra es más útil cocida con
malva y un poco de sal. Para las ulceraciones de la lengua y la
tráquea vienen bien las gárgaras con jugo de tripas de buey; en
cambio, para las amígdalas son particularmente buenos los riñones de
zorro secos machacados con miel y aplicados en linimento, para
las anginas la hiel de toro o de cabra con miel y el hígado de tejón
con agua. El mal aliento y las úlceras de la boca las cura la
mantequilla. Dicen que una espina o alguna otra cosa que
se queda en la garganta se expulsa o pasa frotando por fuera con
excremento de gato. Las escrófulas se deshacen con hiel de jabalí o
de buey templada, aplicada en linimento -pues el cuajo de liebre en
vino se aplica con una telilla sólo sobre las ulceradas-; así mismo
las deshace la ceniza de cascos de burro o de caballo aplicada en
linimento en aceite o en agua, la orina caliente y la ceniza
de pezuña de buey en agua; también el excremento hirviendo en
vinagre, así como el sebo de cabra con cal o el excremento
cocido en vinagre y los testículos de zorro. Es bueno también el
sapo, descubrimiento de las Galias para teñir de rojo el
pelo. Se hace de sebo y ceniza, el mejor es de ceniza de haya y
de sebo de cabra, de los dos modos, espeso y líquido, ambos más
usados entre los germanos por los hombres que por las
mujeres.
Contra los dolores de cervicales se deben hacer
friegas con mantequilla o grasa de oso; contra la rigidez de la nuca
con sebo de buey, que también es bueno para las escrófulas con
aceite. El dolor que no permite la flexión -lo llaman opistothonus- se calma con la orina de cabra
instilada en los oídos o el excremento aplicado en linimento con
bulbos; los golpes en las uñas con la
hiel de cualquier animal atada alrededor; las uñas encarnadas con la
hiel de toro seca disuelta en agua caliente. Algunos añaden sulfuro
y alumbre todo en dosis iguales.
La tos se cura con
hígado de lobo en vino templado, con hiel de oso mezclada con miel,
con ceniza de la parte superior del cuerno de buey o con saliva de
caballo bebida durante tres días -dicen que el caballo muere-, con
pulmón de ciervo con su tráquea secado al humo, después machacado en
miel y administrado como electuario diariamente; más eficaz
para esta enfermedad el del subulo,
de la especie de
los ciervos. Los que escupen sangre se curan con ceniza de cuerno de
ciervo, con cuajo de liebre -la tercera parte de un denario-
bebido con tierra de Samos y vino de
mirto;
(PLINIO EL VIEJO. Historia Natural, 28, 188 – 194.
[Traducción de Susana González
Martín])