Cuento de Eros y Psique

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erospsique90Atraída por los encantos del lugar, Psyque1 se acerca cada vez más; va cobrando confianza y se aventura a cruzar el umbral; luego, cediendo al deleite de la curiosidad ante tan maravilloso espectáculo, lo examina en todos sus detalles; ve al otro lado del palacio los almacenes, de una arquitectura grandiosa, donde se amontonan grandes tesoros. Si algo fal­ta allí es porque no existe. Pero si había mucho que admirar entre tantas riquezas, lo más sorprendente era que ninguna cadena, ninguna valla, ningún guardián custodiaba aquel tesoro que reunía todas las maravillas del mundo. Cuando Psyque se complacía con sumo deleite a la vista de todo ello, he aquí que oye la voz de un ser invisible: '¿A qué, señora -le dice-, a qué viene este asombro ante tanta opulencia? Todo esto te pertenece. Entra, pues, en tu habitación, ponte a des­cansar de tus fatigas en una de esas camas y, cuando gustes, di que se te prepare el baño. Nosotras, cuya voz estás oyen­do, somos tus doncellas; henos aquí prontas a servirte con esmero, y, en cuanto estés arreglada, no se hará esperar el re­gio banquete organizado en tu honor'.

Psyque reconoció en esta felicidad un efecto de la divina providencia; dócil a los consejos de aquella voz sobrenatu­ral, se entregó primero al sueño y luego en el baño acabó de disipar su cansancio; al ver muy a punto a su lado una tari­ma semicircular y dándole a entender el conjunto que se tra­taba de la comida preparada., para hacerle reponer fuerzas, se instala allí muy a gusto. Inmediatamente aparecen vinos de­ liciosos como el néctar, fuentes con variados y abundantes manjares; sin que nadie sirva la mesa, todo viene solo como por impulso sobrenatural. Ella no podía ver a nadie; tan sólo oía palabras caídas del cielo y las voces eran su único servicio. Después del opíparo banquete, entró alguien y se puso a cantar, sin dejarse ver; otro tocó la cítara, y hasta la cítara era invisible; después deleitó su oído un número de conjunto, ejecutado por numerosas voces; aunque no se veía a nadie, era evidente que se trataba de un coro humano.

Tras estas deliciosas amenidades, la hora avanzada de la tarde aconsejaba a Psyque que fuera a dormir; así lo hizo.

Entrada ya la noche, un ligero ruido llamó su atención. Temiendo por su honor en medio de tan profunda soledad, se asusta, se horroriza y, más que cualquier desastre, le in­quieta lo desconocido. Ya estaba a su lado el marido miste­rioso; subió al lecho, hizo de Psyque su esposa, y, antes de que volviera la luz del día, había desaparecido apresurada­mente. Sin demora, las voces, que esperaban ante la alcoba, prestan sus cuidados a la recién desposada, cuya virginidad había sucumbido. Así continuaron las cosas por algún tiem­po. Según ley natural, el hábito le fue haciendo agradable su nuevo estado y el timbre de aquella voz misteriosa era un consuelo para su soledad.

Entre tanto, sus padres envejecían sin cansarse de llorar y penar. La noticia de lo ocurrido se había divulgado a otras latitudes y sus dos hermanas mayores se habían enterado de todo; tristes y llorosas, abandonaron sin tardanza sus hoga­res y, rivalizando de celo, acudieron a ver a sus padres y a ha­cerles compañía.

(APULEYO. El asno de oro, 5, 2- 4. [Traducción de Lisardo  Rubio  Fernández])


NOTAS:   1. Es una muchacha hermosa que tras algunos problemas con sus envidiosas hermanas se casa con un invisible marido. ESto es una historia que oye Lucio bajo su forma de borrico.