Lucio se encuetra con un amigo, Pitias

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Arreglado este asunto y dispuestas mis cosas en la habitación, me dirijo yo mismo al baño1, con la precaución de pasar antes por el mercado para abastecernos de alimentos. Veo allí en venta un delicioso pescado; pregunto el precio; me dicen que cien sestercios; hago ademán de dejarlo y lo saco por veinte denarios. Justamente, al salir de allí, me encuentro con Pitias, mi condiscípulo de Atenas; quedó un poco parado al reconocerme, me asaltó efusivamente y, entre besos y abrazos: 'Querido Lucio -dijo-, hace un siglo que no nos hemos visto; por Hércules, desde que dejamos la escuela de Clitio. ¿Cuál es el motivo de este viaje?'. 'Mañana lo sabrás -le contesto-. Pero, ¿qué es esto? Mi enhorabuena. Te veo con ordenanzas, con fascios, con todo el boato propio de un magistrado.' 'Estoy encargado de la sección de abastos, soy edil2. Si te apetece algo, lo tendrás en seguida.' Le doy las gracias: había asegurado suficientemente mi cena con la compra del pescado. Pero Pitias, al ver mi cesta y sacudirla para ver mejor el pescado: '¿Cuánto -me pregunta- te han costado estos boquerones?'. 'Me costó trabajo -le digo- para sacárselos al pescadero por veinte denarios.'

Al oírme, me coge del brazo en el acto y, metiéndome de nuevo en el mercado: '¿A quién -me dice- has comprado aquí este saldo?'. Le señalo a un pobre viejo, sentado en un rincón. Inmediatamente, con sus prerrogativas de edil, increpándolo con la mayor rudeza: 'Ahora -dice- ya no tenéis consideración ni para nuestros propios amigos ni, en general, para ningún forastero; ponéis un alto precio al pescado más ruin y, con la carestía de los víveres, reducís esta ciudad, la flor y nata de Tesalia, a la condición de un desierto o de un picacho solitario. Pero ello no pasará impunemente. Yo me encargaré de mostrarte, bajo mi administración, cómo se ha de reprimir a los desaprensivos'. Y, vaciando en el suelo la insta, manda a su oficial pisotear pececillos y triturarlos todos hasta el último. Después, satisfecho de su severidad, mi amigo Pitias me invitó a salir: 'Querido Lucio, me conformo con dar una lección como ésta al pobre viejo'.

Consternado y estupefacto por esta escena, vuelvo a emprender el camino del balneario, viéndome ya, por obra y gracia de mi listo condiscípulo, sin dinero y sin cena; después del baño regreso a casa de mi huésped y me retiro a mi habitación.

(APULEYO. El asno de oro, 2, 7. [Traducción de Lisardo Rubio Fernández])


NOTAS:   1. Referencia a las costumbre de ir a las termas, tan habitual entre los romanos. 2. El edil es el cargo público o magistratura de menor rango. Es el encargado de los asuntos municpales, como este del abasto