El alma como realidad intermedia

 

Ahora bien, puesto que existen dos clases de naturaleza: la inteligible y la sensible, es preferible para el alma residir en la región de lo inteligible; sin embargo, dada la índole de la naturaleza que posee, es necesario que pueda participar también en lo sensible; y no debe enojarse consigo misma por no ser en todo su parte mejor; cuando en realidad ocupa un puesto intermedio entre los seres, pues pertenece, eso sí, a la porción divina, pero se halla colocada en el último borde de lo inteligible, de suerte que, siendo limítrofe de la naturaleza sensible puede dar parte al ser sensible en algo de lo que procede de ella, y ella, a cambio, tomar algo del ser sensible, caso de que no lo ponga en orden quedando a salvo ella misma, sino que, llevada de un ansia excesiva, penetre dentro de él en vez de quedarse toda entera con el Alma total, sobre todo pudiendo salir a flote de nuevo tras haber adquirido información de lo que vio y experimentó aquí abajo y tras haber aprendido qué tal se está allá arriba y haber conocido como más claramente a los Seres mejores por contraste con los que en cierto modo les son contrarios. (PLOTINO. Enéadas, IV, 8, 7. Ed. Gredos)