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Precisamente por eso decimos que el placer es principio y fin
de la vida feliz. Pues lo hemos reconocido como bien primero y
connatural y de él tomamos el punto de partida en cualquier
elección y rechazo y en él concluimos al juzgar todo bien con la
sensación como norma y criterio. Y puesto que es el bien primero y
connatural, por eso no elegimos cualquier placer, sino que a veces
soslayamos muchos placeres cuando de éstos se sigue para nosotros
una molestia mayor. Muchos dolores consideramos preferibles a
placeres, siempre que los acompañe un placer mayor para nosotros
tras largo tiempo de soportar tales dolores. Desde luego todo
placer, por tener una naturaleza familiar, es un bien, aunque no sea
aceptable cualquiera. De igual modo cualquier dolor es un mal, pero
no todo dolor ha de ser evitado siempre. (EPICURO. Carta a
Meneceo,
129-130) |