La felicidad, el fin más perfecto

 

Puesto que parece que los fines son varios y algunos de ellos los elegimos por otros, como la riqueza, las flautas y, en general, los instrumentos, es evidente que no todos son perfectos, pero lo mejor parece ser algo perfecto. Por consiguiente, si hay un solo bien perfecto, ése será el que buscamos, y si hay varios el más perfecto de ellos.
Ahora bien, al que se busca por sí mismo lo llamamos más perfecto que al que se busca por otra cosa, y al que nunca se elige por causa de otra cosa lo consideramos más perfecto que a los que se eligen, ya por sí mismos, ya por otra cosa. Sencillamente, llamamos perfecto a lo que siempre se elige por sí mismo y nunca por otra cosa.
Tal parece ser, sobre todo, la felicidad, pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia y toda virtud  los deseamos en verdad por sí mismos (puesto que desearíamos todas estas cosas, aunque ninguna ventaja resultara de ellas), pero también los deseamos a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos felices. En cambio, nadie busca la felicidad por estas cosas, ni en general por ninguna otra. (ARISTÓTELES. Ética nicomáquea, I, 1097 a - b. Trad. Julio Pallí Bonet)