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Los discursos públicos
de Demóstenes no son epidícticos. El discurso epidíctico es un
esfuerzo puramente artístico; su objeto es impresionar, entretener,
interesar. Son discursos de buenos consejos (συμβολευτικὸν λόγοι), cuyo
efecto dependía sin duda en parte de la forma, pero cuyo valor
estribaba principalmente en el valor del consejo que daban. [...] Se
empiezan a poner interesante cuando se comprende el problema
político de que tratan [...] Hay que leerlos atendiendo a su
contenido, a su fondo. (G.
Murray. Grecia clásica y mundo moderno. Ed. Norte y
Sur) |