| Y ciertamente, señores atenienses, esto os pido a vosotros:
en caso de que me oigáis que me defiendo a través de las mismas
palabras a través de las que precisamente tengo por costumbre hablar
tanto en la plaza junto a las mesas de cambistas, donde muchos de
vosotros las tenéis oídas, y en otra parte, ni admirarse ni
alborotarse a causa de ello. (Platón. Apología,
17c)
|