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“A su vez Glauco fue el
padre del noble Belerofonte, a quien dieron los dioses belleza y
valor envidiable, pero Preto1, que en su corazón grandemente
lo odiaba, lo desterró del pueblo de los argivos [...] Su mujer, la
divina Antea, se sintió furiosa contra él, pues quería su amor
clandestino y, al no haber seducido al honrado héroe Belerofonte,
con mentiras le habló de este modo al rey Preto: «¡Ojalá, Preto,
mueras, o bien mata a Belerofonte que en amor quiere unirse conmigo,
aunque yo no lo quiero!» Así dijo, y el rey se sintió poseído de
cólera, mas no quiso matarlo, pues su corazón sintió
escrúpulos2. Lo mandó a Licia3 y le entregó signos
funestos, mortíferos en su mayoría, que había grabado en una
tablilla doble y ordenó que las diera a su suegro, y él lo mataría.
[...] Cuando llegó a Licia, le pidió la nota que de parte de Preto
llevaba el joven. Una vez conoció la funesta contraseña, le ordenó
matar a la invicta Quimera4". (Homero, Ilíada, VI 156-179. Adaptación de
la traducción de Fernando Gutiérrez)
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