| En Atenas, al llegar la Páralo de noche, se iba diciendo la
desgracia y un lamento desde el Pireo se iba extendiendo a
través de los Muros Largos hasta la ciudad, el uno
anunciándeslo al otro. De modo que aquella noche nadie durmió, no
sólo sufriendo por los que habían muerto, sino mucho más aún ellos
por sí mismos, creyendo que sufrirían el mismo tipo de cosas que
hicieron a los melios y a otros muchos de los griegos.
(Jenofonte)
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