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Dracón, que era
ciudadano entonces en Atenas, era tan sabio y justo que los
ateniense querían que él escribiese nuevas leyes. Pero eran duras
las leyes que escribió. Pues había en aquellas leyes un solo
castigo: muerte. Por tanto, los atenienses decían que las leyes de
Dracón no eran de un ser humano sino de una serpiente.
(Adapatación de
Aristóteles) |