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Estimamos la belleza, en
efecto, con economía y la sabiduría sin
blandicie. Nos servimos de la riqueza más
bien como ocasión de obra
que como jactancia de palabra, y
el ser pobre no es vergonzoso para nadie
reconocerlo, sino más vergonzoso el no evitarlo de
hecho.
Y está en los mismos
el cuidado a la vez de sus cosas privadas y
de las políticas, y para otros, vueltos hacia sus
trabajos, el no conocer deficientemente los
asuntos de política.
Porque nosotros
solos al que no participa en nada de estos asuntos
no un ocioso sino un inútil lo consideramos, y
nosotros mismos, en verdad juzgamos por lo menos
o ponderamos con el ánimo rectamente los
asuntos, no considerando las palabras un perjuicio
para las acciones, sino más el no haberse
informado previamente de palabra antes de ir de
hecho hacia lo que se debe.
En efecto, diferente
también tenemos esto como para atrevernos
especialmente los mismos y reflexionar acerca
de lo que vamos a emprender; en
tanto que a
los otros la ignorancia les aporta temeridad
y la reflexión demora. Pero los más fuertes de
espíritu deberían ser considerados en justicia los
que conocen más claramente las cosas
terribles y las agradables y que no por
eso se apartan de los peligros.
..................................... Resumiendo
digo
que la ciudad entera es educación de Grecia,
y que a mí me parece que el individuo
mismo de entre nosotros, cada
uno, podría poner su persona
como autosuficiente hacia los aspectos más
numerosos con encanto y de un modo
especialmente flexible.
Y
que esto no es un alarde de palabras
en la situación presente más que
una verdad de hechos, la propia fuerza
de la ciudad, que a partir de este
carácter hemos adquirido, lo
demuestra.
En efecto, es la única de las de ahora que,
superior a su fama, va a la prueba, y la única que
ni al enemigo atacante produce irritación por
lo que sufre, ni al súbdito desprecio, en la idea
de que no es mandado por seres
dignos.
Con grandes señales y en verdad que no sin
testigos habiendo ofrecido nuestra fuerza,
por los de ahora y por los de luego seremos
admirados. (Adaptación de
Tucídides) |