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Estamos
tan condicionados por los modelos estéticos basados en la
experiencia griega que para nosotros es difícil aceptar la idea de
que los griegos ni siquiera tenían una palabra para el arte. En su
lugar empleaban téchne, una palabra que combina nuestro concepto de
tecnología con los de artesanía y habilidad derivada de la
experiencia. Aunque hoy día un artista es alguien claramente
diferenciado de un artesano, para los griegos incluso los grandes
arquitectos, escultores y pintores del periodo clásico como Fidias,
Policleto, Mirón o Apeles, eran conocidos simplemente como
technites: a pesar de ser muy hábiles, se les consideraba humildes
trabajadores manuales o artesanos. Para los griegos la habilidad
para esculpir y pintar eran virtudes innatas, al igual que la
habilidad de una araña para tejer la red o de una abeja para hacer
la miel. No atribuían ningún mérito especial a la persona. En
opinión de los griegos, los artesanos casi tenían el deber de
proporcionar sus hermosas creaciones a los ciudadanos
ricos. (Jacobo Storch de Gracia.,
El Arte de la Belleza, en Grandes Civilizaciones, p. 480. Ed.
El Mundo. Madrid,
2000) |