Educación de un esclavo

Me parece, Agamenón, que te estás diciendo:’ ¡qué manera de despotricar la de este pesado!’ ¿por qué, entonces, tú que sabes hablar, no hablas? Eres persona de otra ralea y por eso te burlas del modo de hablar de los pobres. Sabemos que tu erudición te ha hecho vanidoso. ¿Qué razón hay? Algún día te convenceré para que vengas a mi hacienda y veas nuestras pobres cabañas. Allí encontraremos qué comer: un pollo, unos huevos. Las pasaremos bien, aunque este año el granizo haya desbaratado todo. En fin, tendremos con qué estar a nuestras anchas. Desde ahora ya te reservo allí a un discípulo que está creciendo, mi chico. Ya sabe calcular las cuatro partes. Si se conserva con vida, pronto tendrás a tu vera a un lindo esclavo. En su tiempo libre no levanta la cabeza de sus tablillas. Es ingenioso y de buen carácter. Pero tiene la manía de los pájaros. Ya le maté tres jilgueros diciéndole que la comadreja se los había comido, pero ya encontró otros pasatiempos y ahora se apasiona por la pintura. Por lo demás ya mandó a pasear al griego y ha empezado a morder no mal el latín y esto a pesar de que su maestro es presumido e incapaz de concentrarse en un punto.

(PETRONIO. Satiricón, 46. Traducción de Julio Picasso, Cátedra, Madrid, 1988. p. 102)


NOTAS: