En
los tiempos modernos después de haber estado la pintura por muchos
siglos sepultada y perdida, ha sido menester que renazca de sus
formas groseras e imperfectas su antiguo nacimiento. La pintura no
habría renacido y perfeccionado con tal diligencia, como ha
sucedido, de no ser porque los artífices modernos han tenido ante
sus ojos la luz de las estatuas antiguas conservadas hasta nuestros
tiempos, de las cuales, así como de las obras de arquitectura, han
podido aprender esa fineza de diseño que ha facilitado tanto el
camino de la perfección.
(AGUCCHI,
G. Battista. Tratado de la Pintura, 1607-1615.
En Pautas para la realización de actividades del Museo
Thyssen-Bornemisza, Madrid,
1995)