La escultura

Nuestro cuerpo está formado por partes tan exactamente medidas que se presenta como un instrumento armonioso, perfecto en todos sus términos. Pero, en fin, no voy a explicaros el hombre a partir del Timeo de Platón que Cicerón ha expuesto en latín. Me atengo a lo que concierne a nuestro propósito. Nosotros hemos de medir el cuerpo: de pie y vivo y concretamente en nueve partes respecto de su longitud. Pues la hábil naturaleza ha formado al hombre de manera tal que la cara se halla en el lugar más alto, para ser admirada y para ofrecer a todas las demás partes del cuerpo el principio de su medida. La misma cara consta de tres partes: una a partir de lo alto de la frente o raíz de los cabellos hasta el entrecejo, la segunda desde ahí hasta debajo de la nariz, la tercera de la nariz al mentón. La primera es la sede de la sabiduría, la segunda de la belleza, la tercera de la bondad. Estas partes, multiplicadas, como se dice por ellas mismas, darán la dimensión completa del cuerpo humano tal como es: nueve partes.

(POMPONIO, Gaurico. La Escultura, 1504)


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