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Viriato gobernó a los
lusitanos. Un hombre de inmensa astucia, que de cazador se convirtió
enseguida en forajido, de forajido en caudillo y, si lo hubiese
permitido la fortuna, en el Rómulo de España. No contento con
defender la libertad de los suyos, durante catorce años, habiendo
devastado todo a ambos lados del Ebro y el Tajo a sangre y fuego,
habiendo atacado incluso los campamentos y las fortificaciones de
los pretores, derrotó a Claudio Unimano y clavó nuestros estandartes
e insignias en sus montes como un trofeo.
(FLORUS,
Annius. Epitomae de Tito Livio Bellorum Omnium Annorum DCC
Libri Duo Liber, 33,
61) |