Sus maniobras de
entrenamiento no se diferencian en nada de la guerra real; cada uno
se esfuerza en su entrenamiento diario como si estuviera en el
servicio activo, y por eso soportan tan bien la tensión de la
batalla, sin que les incapacite ningún dolor, sin que les canse
ningún trabajo, y sin que la falta de disciplina debilite su
formación de batalla. Por tanto, es natural que obtengan siempre la
victoria frente a unos hombres peor adiestrados. Uno no se alejaría
demasiado de la verdad si llamara a sus maniobras 'batallas sin
sangre' y a sus batallas 'maniobras con sangre'.
(JOSEFO.
Guerra de los
judíos)