Las máquinas de
guerra de los antiguos tenían tres usos principales: unas para
arrojar tiros (escorpiones), lanzas (catapultas), piedras
(ballestas) y para arrojar dardos encendidos (máquinas
incendiarias); otras para derribar las murallas (arietes y
taladros); y otras para acercarse a las murallas a cubierto y para
escalarlas (tortugas y torres de madera). Los escorpiones eran unas
grandes ballestas. Con las catapultas arrojaban lanzas de doce a
quince pies de largo... Las ballestas se disparaban del mismo modo
que las catapultas.
(VITRUBIO.
Architectura.)