|
Los
auspicios |
Entre los romanos... nada se llevaba a cabo sin
tomar previamente los auspicios. Tiberio Graco, como se apresurara a
provocar una revolución, consultó los auspicios en su casa al
amanecer; éstos le dieron unas respuestas muy siniestras. Pues
habiendo salido de la puerta tropezó con su pie de tal manera que se
hirió un dedo. Después, cuando avanzaba por la calle, tres cuervos,
volando sobre él con graznidos siniestros, arrojaron ante él mismo
parte de una teja rota. Por haber despreciado todos estos presagios,
fue arrojado violentamente del Capitolio por el pontífice Máximo
Escipión Nasica y sucumbió herido por un fragmento de un
banco. (VALERIO MÁXIMO) | |