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Había tres elementos que gobernaban la
constitución. Así todas las cosas una por una habían sido
organizadas y se administraban tan equitativamente, con tanto
acierto, que nunca nadie, ni siquiera los nativos hubiera podido
afirmar con seguridad si el régimen en su conjunto era
aristocrático, democrático o monárquico. Y era lógico que sucediera
esto, pues si nos fijáramos en el poder de los cónsules, el régimen
parecería perfectamente monárquico; si atendiéramos al del senado
aristocrático a su vez, y si consideráramos el poder de la mayoría:
parecería claramente democrático. (POLIBIO. Historia
Universal) (Doble espacio) |