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PENICULUS. La
juventud me dio por nombre Cepillo, porque yo la mesa, cuando
como, la dejo limpia. Los hombres que atan a los prisioneros con
cadenas y a los esclavos fugitivos les ponen cepos hacen
bastante el tonto, según mi opinión. Porque a un hombre desgraciado
si se le añade otra desgracia le vendrán más ganas de escaparse
y obrar peor. Pero si de algún modo le libran de las
cadenas entonces le ofrecen un alivio. A quien quieras
conservar para que no huya conviene que lo ates con comida y bebida.
Junto a una mesa llena le atarás la boca al hombre. Ofrécele
entonces para que coma y beba a su antojo todos los días y nunca,
por Apolo, huirá.
(PLAUTUS. Los
Gemelos.) (Doble espacio) |