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LISÍDAMO. Yo creo que de todas las cosas luminosas y que
brillan el amor es la más brillante, y no se hallará otra que tenga
más sabor y mejor gusto; me asombra que los cocineros que usan
tantos condimentos no utilicen el único que está por delante de
todos. Pues dónde el condimento es el amor todo se vuelve
agradable, y nada puede ser sabroso ni agradable si no está mezclado
con amor. La hiel1, que es amarga, se convierte en
miel y el hombre desgraciado se vuelve agradable
y amable. (PLAUTO. Casina II,
3) (Doble espacio) |