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Un buen
esclavo conviene que piense más en su espalda que en su boca, y en
las piernas que en el estómago. Nunca deben olvidar el premio que
reciben de sus amos aquellos que, por gandules y traviesos, son
considerados como malos sujetos: paño duro, grillos en los pies, las
muelas de molino y un cansancio insoportable, hambre y frío; he aquí
los premios de los perezosos. Tengo un verdadero pánico a este mal.
Es por eso por lo que siempre he preferido ser un buen esclavo, que
no un mal esclavo, y me satisface mucho más recibir órdenes que no
recibir aquellos terribles azotes. Es más de mi gusto comerme el
trigo molido, que tenerlo que moler para los otros. Hago lo que mi
amo me ordena, y sirvo bien y sin chistar. Y me va muy bien! Los
demás harán lo que quieran, pero yo sé muy bien lo que me
hago. (PLAUTO. Los
Menecmos.) (Doble espacio) |