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Los
cartagineses debían luchar por su propia existencia y por el dominio
del mundo. ¿Podría alguien permanecer indiferente ante tales
acontecimientos? (...). Nunca la suerte había prometido a las partes
en lucha recompensas tan preciosas: al vencedor no sólo le
correspondía como premio el poder sobre África o Europa, sino sobre
todos los países del mundo
conocido.
(POLIBIO. Historia de Roma XV,
9.) (Doble espacio) |