La Romanización

(...) Todos a quienes riega el Rin y el Danubio, o el Tajo portador de oro, o el gran Ebro, todos los que atraviesa el hespérido Tíber, o alimenta el Ganges, o mantienen  las siete bocas del cálido Nilo, a todos esos, Dios les enseñó a convertirse en romanos. Una ley común les hizo parejos, los unió bajo un mismo nombre, incorporó a los vencidos dentro de los lazos de la hermandad.
 (...) Regiones geográficamente remotas, costas separadas por el mar, se unen ahora en obediencia a una sola jurisdicción (...). Eso fue lo que consiguieron los enormes éxitos y tanto triunfo del poder romano.»
(PRUDENCIO)

(Doble espacio)