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Grecia
es una "península de mármol", donde también abunda la piedra caliza
más basta. Una de las variedades de piedra caliza de las llanuras de
Argos podía trabajarse más fácilmente para formar bloques
irregulares que constituyen la típica mampostería "poligonal" en los
muros de las terrazas y fortificaciones. Otra variedad de piedra que
abundaba en la zona más septentrional y occidental del Peloponeso
tenía una superficie rugosa y numerosas cavidades, que constituían
una buena base para el enlucido final. Este mármol menos atractivo
se utilizaba comúnmente como material para la construcción de
edificios públicos. Pero el Partenón y otros monumentos erigidos en
la Acrópolis durante el siglo V eran de mármol del Pentélico, que se
extraía en las canteras del monte Pentélico, situadas a unos 15 Km.
al noreste de Atenas. El mármol del Pentélico se diferenciaba de
otros tipos de mármol que se pueden encontrar en Grecia por su
ligera tintura de hierro, que al quedar expuesto al aire produce la
pátina dorada que admiramos en el Partenón. El mármol blanco
utilizado por los antiguos escultores y arquitectos griegos, el
mármol de Paros, una isla de la Cícladas del Egeo, carece de esa
tintura de hierro, tiene cristales transparentes de mayor tamaño y
conserva el color con el paso del tiempo. Las cualidades especiales
del mármol del Pentélico ayudan a explicar la elegancia del Partenón
y de otros templos de la época clásica, gracias a sus cantos
afilados, y su superficie lisa que permiten conseguir unas juntas
perfectamente ajustadas, así como a las sutilezas que presenta a los
ojos de quien lo contempla.
(BOORSTIN, Daniel J. Los
creadores, Ed. Crítica, Barcelona, 1994) (Doble espacio) |