El vanidoso Hermes y el escultor

Queriendo saber Hermes en qué estima estaba entre los hombres, se llegó a un escultor, tras hacerse a sí mismo semejante a un hombre, y al contemplar una estatua de Zeus preguntó por cuánto se podía comprar. El escultor le respondió que por un dracma. Echándose a reír preguntó: "¿Por cuánto la de Hera?", y le dijo que más cara. Al ver también una estatua suya y creyendo que, como puesto que es un mensajero de los dioses y patrón del comercio, la estima de los hombres respecto de él sería mucha, preguntó por ella. Y el escultor le dijo: "Si compras ésas, también ésta te la doy añadida". 
La fábula dice, respecto al hombre vanidoso, que no está en ninguna estima entre los demás. (Esopo, 88)

(Doble espacio)