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"...Mi
ánimo me ordena no vivir ni permanecer entre los hombres,
si primero no pierde Héctor su ánimo herido bajo mi lanza, dando su
pago por los despojos de Patroclo Menecíada1." Y a él se dirigió
Tetis2
mientras derramaba lágrimas: "Me serás de muerte temprana, hijo.
¡Qué cosas dices! Pues en seguida, tras el de Héctor, está
dispuesto tu destino." Y a ella le dijo muy apenado Aquiles el de
los pies ligeros: "Ojalá quede muerto en el acto, ya que no iba
a ayudar a un compañero cuando era asesinado. Él pereció muy
lejos de su patria y estuvo falto de mí, de
que fuese protector de su desgracia. Mas ahora,
puesto que ya no voy a regresar a mi tierra patria y ni
siquiera en algo llegué a ser la luz para Patroclo ni para los demás
compañeros, que en gran número fueron derribados por el divino
Héctor, permanezco sentado junto a las
naves como carga inútil de la tierra." (Homero.
Ilíada, XVIII, 90-104) (Doble espacio) |