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"Veamos:
¿Cómo podré enviarle un aviso?... ¡Ah!
Palamedes1 me enseña un expediente ingenioso.
Escribiré, como él, mi infortunio en un remo, y lo arrojaré al mar.
Pero aquí no hay remos. ¿Dónde podré encontrarlos? ¿Dónde? ¡Qué
idea! ¿Si hiciese astillas esas estatuas y escribiese en ellas, como
si fuesen remos? ...Sí, será mucho mejor. Al fin, estatuas y remos
todo es madera. Ea, manos mías, emprended la obra de salvación.
Tablillas pulimentadas, nuncios de mi infortunio, aprestaos a
recibir las huellas del
estilo2. ¡Oh, qué erre tan fea! ¿A dónde va a parar?
Partid ya en todas direcciones; apresuraos, tablillas mías, que mi
necesidad es apremiante".
(ARISITÓFANES.
Tesmoforiante, 768-784)
(Doble espacio) |